Cádiz vistió tantos cielos a los que en él respiraron.
Cádiz vistió tantas lunas a los que en él despertaron.
Cádiz vistió tantos soles a los que a ella lloramos.
Cádiz vistió tantas veces mi sol, mi luna, mi llanto.
Ella estrena cada tarde un manto de colores,
se viste de gala para cada noche
ser novia perfecta de los trovadores.
Ella estrena cada tarde un agua de colores,
que refleja el sol, y una luna que esconden
a ese mar de luz para rendirte honores.
Un atardecer que Cádiz cada día estrena,
y quien nunca lo ha vivido le embarga la pena.
Cádiz y sus colores.
Cádiz y sus amores.
Cádiz la isla eterna
que a través del tiempo enciende las pasiones.
Cádiz de mil olores.
Cádiz de mil cañones
Cádiz que cada tarde
cierra un álbum nuevo en música y colores.
Se mueren los colores que la mañana pintó.
Rojos, lilas y naranjas invitan al poeta,
tres mil años repitiendo
una oda eterna al color.


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