El día se muere en mis manos.
La noche me atrapa, vencido.
El día ganó la batalla
El día muere conmigo.
Repican tambores de huida
en la hoguera de las lanzas.
Hogueras de sacudida.
Horas que traen momentos
de incertidumbre y de calma.
Cerrar. Clausurar. Guardar momentos.
Encerrar los horrores del diario.
Guardar tantos momentos
que encierran los segundos
clausura de un día de tantos.
Las soluciones al desperfecto
tendrán lugar con el sol naciendo.
Todo un muestrario de sensaciones
en el menú de sinsabores:
esa desidia del que camina a tu lado,
prepotencia del de enfrente,
ninguneo del de enmedio,
palabreo encangrenado.
Bello momento
cuando me descalzo el día,
cuando cierro la carpeta
de un día entre tantos más.
Respirar lento, ordenar las sensaciones,
suspirar por los descuidos,
celebrar las emociones,
brindar por lo conseguido,
cumplir con lo prometido
y soñar lo que vendrá.
Un día ganado. Un día perdido.
Un día que no volverá.
Un día más de aquella historia
que otros por mi contarán.
La historia del ¿qué dirán?

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