EL OFICIO DEL JUGLAR

Hay algo que siempre me ha resultado aleccionador en la forma de ser y en el modo de escribir de Diego Fariñas. Me refiero a ese pacto que invariablemente ha mantenido con la verdad, sin máscaras ni retóricas confusas. Decía Camilo José Cela que “es gozoso, aunque raro, que un hombre escriba con la lengua llana con la que habla”. Un juicio aventurado que se adapta certeramente a los usos literarios de Diego y que tengo claro son la consecuencia lógica de cómo ejerce también el oficio de persona llana y franca.

            Es una evidencia muy notoria que la memoria que conservamos de los amigos suela vincularse a los primeros encuentros. Viene al caso porque no olvido uno muy significativo con Diego: el de la tarde lluviosa y desapacible de hace ya algunos años en la que empezó a manifestar a la vista de todos esa pulsión irrefrenable por la poesía, esa fiebre incurable que ya nunca lo ha abandonado. Recuerdo cómo después de un saludable exceso etílico y en la feliz camaradería de un mosto, empezó a improvisar sobre el mantel de papel de la mesa, unos versos rimados, llenos de humor y misteriosa perfección. Probablemente ésa fue la primera vez que este profesor de secundaria gaditano, compañero y amigo de mi instituto empezó a ser de forma consciente poeta. Esos versos surgidos espontáneamente en el jolgorio ruidoso de un bar son de algún modo la génesis de este primer libro.

            Decía al principio que la poesía de Diego Fariñas corresponde con su modo de ser, con su inclinación hacia la bonhomía y su compromiso con la verdad. Si bien es cierto que la poesía es un género literario, y por tanto, un género de ficción, sin embargo el poeta concibe su poesía como un espejo sincero de la vida. Aceptado que todo arte es una convención, Diego apuesta por la naturalidad y la sencillez, por el tono bajo, lejos de cualquier tentación de grandilocuencia o altisonancia. Baudelaire le exigía al artista moderno palabras de hoy para expresar temas y anécdotas de hoy y ésta es la máxima que guía los usos estilísticos del poeta.

            El autor de este libro podría suscribir sin problemas como Auden que el rasgo caracterizador de la poesía contemporánea debe ser la confidencia, el tono de voz íntimo y el lenguaje no ampuloso, el discurso de una persona que le habla a otra. El poeta que eleve su voz sonará a falso y ésa es la trampa de la que procura zafarse Diego. Sus poemas están concebidos para recrear una experiencia viva con la que se identifique sin dificultad el lector. No es extraño que sus versos conecten mejor con las poéticas de Antonio Machado, Miguel Hernández, Mario Benedetti o incluso Silvio Rodríguez, sus poetas predilectos, que con las rupturas experimentales de las vanguardias.

            Diego Fariñas es un poeta, pero también una persona normal. Quiero decir que no ejerce de profeta ni de iluminado o de artista extravagante. Consciente de que sin tradición no hay posibilidad de modernidad, Diego parece concebir modestamente su arte como el mester de un juglar, con la única y difícil pretensión de emocionar al público, de convertirse en un espacio común entre el autor y el lector. Por eso no sorprende que otros de los nutrientes más importantes de su poesía sean la tradición oral y el rico yacimiento poético y musical del carnaval de Cádiz del que se apropia de sus ritmos y sus voces como herramientas de expresión de sus propias experiencias vitales. De este modo, sus textos podrían ser sin dificultad musicados y cantados confirmando la máxima de Verlaine de que toda poesía es música. Tampoco es desdeñable la influencia benéfica de su propio padre que solía reescribir con ingenio y para asombro de la familia las letras de tangos carnavalescos gaditanos conservando su música.

            La poesía de Diego busca como paisaje propio los temas de siempre, los temas de la vida (hay muchos poemas llenos de afecto dedicados a su esposa, a sus hijos, a sus compañeros y amigos de trabajo o a sus alumnos), el paso inevitable del tiempo, el sol y las tinieblas de la memoria o la poesía misma. Unos asuntos que otras veces se decantan por la denuncia social o no son ajenos al propio pensamiento moral del poeta y que conectan fácilmente con la estructura lingüística de sus poemas.  En definitiva, unos versos que no dejarán a nadie indiferente.

            Te felicito y abrazo por este primer libro tan prometedor. Ojalá pueda ser el primero de otros muchos y que las musas te sigan acogiendo en el futuro con la misma generosidad.

                                                                                                                Vicente Vegazo

COMENTARIOS SOBRE Add yours →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies